ESTUDIOS BÍBLICOS

 

LOS PROFETAS HOY;

 ¿SON LOS MISMOS QUE EXISTÍAN ANTES DE CERRARSE EL CANON DE LA BIBLIA?

 

(Efesios 4: 10-12) “El que descendió, es el mismo que también subió por encima de todos los cielos para llenarlo todo. Y él mismo constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores y maestros, a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo”

 

Índice del Tema

 

Introducción

1. Jesucristo, el profeta por antonomasia

El falso G12

El profeta antiguo ya no existe, pero su mensaje, sí

2. Entendiendo mejor acerca de los oficios ya cesados

3. El ministerio profético neotestamentario y el actual

Los profetas, y los que profetizan, hoy

Consolar, exhortar  y confirmar

Prediciendo hechos concretos

Prediciendo sobre individuos

Todos somos llamados a profetizar

Introducción

 

Desde hace algún tiempo hasta esta parte, se están levantando personas que se autodenominan apóstoles y profetas. Muchos de ellos eran pastores, y otros no tenían ningún ministerio conocido o reconocido. No obstante, ahora reclaman tener autoridad; una autoridad jerárquica en muchos casos, que no podemos encontrarla en el Nuevo Testamento, y con ella, pretenden ser cabeza en distritos, ciudades, regiones, incluso en países y continentes, con la intención de derribar toda barrera denominacional al estar todas esas iglesias o congregaciones bajo su “manto apostólico y profético”, y establecer un Gobierno, es decir, una jerarquía, que más bien nos recuerda el proceder de la institución eclesial católica.

 

Y no es que actúan como lo hacía el apóstol Pablo, yendo a los lugares donde Cristo no había sido todavía predicado (Tito 1: 5), para no edificar en fundamento ajeno (Ro. 15: 20, 21), sino que su “ministerio” está dirigido a las iglesias y ministerios ya existentes.

 

Leemos en Efesios 2: 20-22, “Así que ya no sois extranjeros ni advenedizos, sino conciudadanos de los santos, y miembros de la familia de Dios,  edificados sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, siendo la principal piedra del ángulo Jesucristo mismo…”, 

 

En esta escritura se menciona acerca de ser edificados sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, no se está hablando de autoridad jerárquica eclesiástica, sino que se está refiriendo al crecimiento o madurez que el creyente obtiene cuando es edificado en la doctrina de los apóstoles y profetas; es decir en la doctrina de aquellos hombres que recibieron la inspiración, la revelación de la Palabra que es la Biblia, la Palabra de Dios (1). Aquel ministerio fue irrepetible, porque el canon bíblico está cerrado.

 

No obstante, el entendimiento de esos “modernos apóstoles y profetas” es muy distinto al escritural. Ellos, torcidamente aseguran que la porción de la Escritura que hemos leído tiene que ver con un supuesto Gobierno autócrata de la Iglesia de Jesucristo.

 

En este sentido, C. Peter Wagner, precursor a ultranza de la llamada Nueva Reforma Apostólica (New Apostolic Reformation), dijo públicamente en un medio televisivo hace unos pocos años: “Creo que el Gobierno de la Iglesia está ya a punto de tomar lugar finalmente, y esto es lo que la Escritura enseña en Efesios 2, que el fundamento de la iglesia son los apóstoles y profetas…” (2)

¿Cómo es que no dicen la verdad? ¿Es que no la conocen?

 

Estas declaraciones wagnerianas no son sino un insulto a la mente renovada por el Espíritu Santo.

 

Pero vayamos por partes. Primeramente, veamos el primero y mejor de los ejemplos acerca de qué es un profeta. Este es Jesús de Nazaret, nuestro Salvador y Señor.

 

1. Jesucristo, el profeta por antonomasia

 

Definiendo qué es un profeta, diremos que un profeta es aquel a quien Dios reviste de Su autoridad para que comunique Su voluntad a los hombres y los instruya. El principal de los apóstoles fue Jesucristo hombre, así también el principal de los profetas.

 

Pedro predicando a voz en cuello en Jerusalén poco después de aquel bendito Pentecostés, exclama diciendo: “Porque Moisés dijo a los padres: El Señor vuestro Dios os levantará profeta de entre vuestros hermanos, como a mí; a él oiréis en todas las cosas que os hable; y toda alma que no oiga a aquel profeta, será desarraigada del pueblo” (Hechos 3: 22, 23) Pedro se estaba refiriendo a Jesús.

 

¿Qué hizo Jesús como profeta? Él fue quien vino del Padre para enseñarnos que Él mismo es el Camino al Padre. Jesucristo fue más que un profeta, Él cumplió en sí mismo la profecía.

 

Además de hablar de cuestiones que se tendrían que cumplir en el futuro (escatología), lo principal del Señor como ministerio profético fue la declaración de la verdad. Cristo vino a declararnos la verdad, y ese fue su principal mensaje profético. Esa verdad, que es Él mismo, nos hace libres (Juan. 8: 31, 32)

 

A lo largo y ancho del Antiguo Testamento vemos acerca de muchos profetas de Dios (también de falsos profetas). No obstante, llegó un momento en el cual la revelación se hizo total y completa. Cuando el ministerio profético de Jesucristo se puso en marcha, al llegar Él a este mundo y principiar su ministerio, culminándolo, estando Él ya ascendido en los cielos, dando a conocer su revelación por medio del apóstol Juan (libro de Apocalipsis, último libro de la Biblia)

 

Así pues, Dios habló a Su pueblo en el Antiguo Pacto a través de los profetas, y en el Nuevo Pacto lo hace a través de Su Hijo (Hebreos 1: 1, 2). Por lo tanto, el antiguo oficio de profeta quedó cesado por el Hijo, siendo el último de esos profetas Juan el Bautista (Lucas 16: 16). Cristo nos ha dado la Palabra, la cual está escrita y el canon cerrado. En ese sentido, no esperamos ya más revelación que compita con la Palabra escrita, o que se le pueda añadir a la misma.

 

En todo caso, en este tiempo actual, lo que puntualmente hable el Espíritu Santo por profecía, palabra de ciencia, etc. (1 Co. 12: 7-10) siempre irá de acorde a lo ya revelado en la Biblia y nunca emitirá doctrina contraria o discorde a la misma, o que cree confusión y división en el cuerpo de Cristo, ya que Dios jamás se contradice.

 

El falso G12

Un claro ejemplo de esto último es la lamentable Visión de los Doce (G12). Ese es un claro ejemplo de revelación extra bíblica, y antibíblica, que ha causado mucha confusión y división en las iglesias. Obviamente, nada que cree confusión y división en el cuerpo de Cristo puede venir de Dios, más aún, cuando dicha supuesta revelación, ni se encuentra en la Biblia, ni se puede encontrar, porque no es algo que Dios haya revelado.

 

El profeta antiguo ya no existe, pero su mensaje, sí.

En cuanto a que decimos que el antiguo oficio de profeta quedó cesado, no estamos insinuando aquí de ninguna manera que el mensaje veterotestamentario ya no vale.  No habría Nuevo Pacto, si antes no hubiera existido uno Antiguo. Esto es claro.

 

2. Entendiendo mejor acerca de los oficios ya cesados.

 

La Palabra es muy clara al respecto: “Edificados sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, siendo la principal piedra del ángulo Jesucristo mismo” (Efesios 2: 20) La Iglesia de Jesucristo está edificada sobre la revelación bíblica, siendo la principal piedra angular, el mismo Jesucristo, y como edificio vivo de Dios (1 Pr. 2: 5), crecemos a modo de templo santo en el Señor (Ef. 2: 21).

 

En Efesios 2: 20, se nos dice que somos miembros de la familia de Dios: “edificados sobre el fundamento de los apóstoles y profetas…”. Esos profetas del Nuevo Testamento (Hechos 13:1) eran los hombres inspirados por Dios, que ayudaban a los apóstoles en su ministerio (Hechos 11:27-28; 21: 10-11)

 

Seguidamente leemos en Efesios 4: 11 que Cristo: “…constituyó a unos, apóstoles, a otros, profetas…”. En el contexto correcto, estos profetas mencionados, son los que Cristo, que es el Verbo de Dios, usó para trasmitir el Logos a Su pueblo, es decir, la Palabra escrita.

 

Entonces, podemos entender que los apóstoles y profetas citados por Pablo en este pasaje son los mismos que cita en Efesios 2: 20. Por lo tanto, son oficios que concluyeron, porque esas personas ya no están entre nosotros, ya que no existe una “sucesión apostólica”, aunque su legado, por llamarlo así, lo tenemos en nuestras manos.

 

Esos oficios como tales, cesaron, porque el canon bíblico está completo.

 

Por lo tanto, intentar “resucitar”, o como eufemísticamente dice Bill Hamon, “restaurar” (4) esos oficios, como pretenden estos “neo-reformistas apostólicos”, él entre ellos, es algo imposible e inaceptable; ¿es que necesitamos nueva doctrina? ¿Es que requerimos de una segunda Biblia?

 

Según el orden de Ef. 2: 20, y Ef. 4: 11, los apóstoles, que eran los testigos de la vida de Cristo iban por delante de los profetas.

 

Otro aspecto es que, a diferencia de la palabra apóstol, que es trascripción, y no traducción del griego al castellano, la palabra que se traduce por profeta es correcta traducción.

 

3. El ministerio profético neotestamentario y el actual

 

(Efesios 4: 11) “Y él mismo constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores y maestros, a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo”

 

Como venimos diciendo, el ministerio profético de la época de la revelación escritural, fue un hecho, y necesario para que los creyentes pudieran ser amonestados y edificados en la Palabra de Cristo que todavía no se había puesto toda ella por escrito.

 

En 1 Corintios 12: 27, 28, leemos también: “Vosotros, pues, sois el cuerpo de Cristo, y miembros cada uno en particular. Y a unos puso Dios en la iglesia, primeramente apóstoles, luego profetas, lo tercero maestros…”

 

Si la revelación doctrinal, lo que llamamos la sana doctrina de nuestro Señor Jesucristo ya ha sido revelada y dada a los santos (Judas 3), ¿qué más poder esperar en este sentido, y para qué sirve el ministerio profético entonces, y a qué nivel se extendería?

 

Estas son preguntas importantes, y merecen respuesta. 

 

Los profetas, y los que profetizan, hoy

En 1 Corintios 14: 29ss. Leemos“Asimismo, los profetas hablen dos o tres, y los demás juzguen”. Pablo nos habla de que hay profetas en la iglesia.  Es evidente que estos profetas no ejercen el oficio de aquellos hombres como Isaías, Ezequiel, Nahum o Sofonías, por poner algunos nombres, ni tampoco son aquellos otros como Bernabé, Niger, o Lucio de Cirene (Hechos. 13: 1) que fueron usados por el Espíritu Santo cuando el canon bíblico no estaba todavía cerrado.

 

Los profetas de las iglesias, como la de Corinto del tiempo de Pablo, profetizaban en las reuniones cristianas uno por uno, con el fin de que todos aprendieran y todos fueran exhortados (1 Co. 14: 29-32). Hoy en día es igual.

 

Además de eso, es la voluntad de Dios que todo cristiano profetice también (ver 1 Corintios 14: 1-3, aunque eso no le hace necesariamente ser un profeta, según 1 Co. 14: 29. Lo explicamos: una cosa es tener dones, otra tener ministerio. Dicho de otro modo. Dios podrá usar de manera distinta a un creyente respecto de los demás. A ese creyente le pudiera haber levantado con el ministerio profético, así como todos profetizan, sin tener un ministerio específico en ese sentido.

 

El profetizar significa transmitir un rhema de Dios, es decir, una palabra inspirada por el Espíritu Santo, que de ser así, siempre será de acorde a la Palabra escrita, o Logos. Un ejemplo, cuando el predicador de Dios predica, constantemente está profetizando, aún y cuando no se da ni cuenta.

 

Consolar, exhortar  y confirmar

Vemos que en Hechos 15: 32, se nos dice: “Y Judas y Silas, como ellos también eran profetas, consolaron y confirmaron a los hermanos con abundancia de palabras”.

 

Por esa declaración vemos que la finalidad del ministerio profético neo testamentario, es la de consolar, exhortar, y confirmar a los hermanos. Esto sigue siendo así.

 

Por la lectura de ese pasaje del libro de los Hechos, vemos que esas acciones de Judas y Silas se enmarcaban en un contexto doctrinal concreto. Los nuevos creyentes de origen gentil fueron consolados a causa de lo declarado en aquel concilio en Jerusalén (Hechos. 15). Fueron liberados de imposiciones concernientes a la ley (Ro. 10: 4).

 

Por lo tanto, el ministerio profético neo testamentario, tuvo por misión llevar a los creyentes a la verdad liberadora de Cristo, la cual ya nos ha sido revelada. Este fue el principal sentido de su existencia.

 

Allí donde sea necesario, el mismo ministerio procede hoy en día, pero siempre entendiendo que nada se puede ni debe añadir a la Palabra escrita.

 

Prediciendo hechos concretos

Dos de las pocas menciones que hace el libro de Hechos acerca de la acción de algún profeta en concreto es en relación al profeta Agabo: “En aquellos días unos profetas descendieron de Jerusalén a Antioquía. Y levantándose uno de ellos, llamado Agabo, daba a entender por el Espíritu, que vendría una gran hambre en toda la tierra habitada; la cual sucedió en tiempo de Claudio” (Hechos11: 27, 28) Como vemos aquí, el profeta en cuestión, dio a conocer un suceso que iba a ocurrir en un futuro inmediato.

 

Si nos damos cuenta, Agabo estaba por el Espíritu Santo hablando de un evento en lo natural, particular y puntual; nada que ver con asuntos de índole doctrinal o por el estilo.

 

¿Podemos esperar hoy en día un tipo de ministerio como el de Agabo?, Sí podemos, aunque también es cierto acerca del notable abuso que se está haciendo de él, sobre todo en los círculos carismáticos y neo-pentecostales. Por lo tanto deberemos ser muy cautos a la hora de creer o no esas profecías.

 

La profecía se sabe que es verdadera cuando se cumple, no antes. La profecía no es para conocer el futuro, sino para conocer que Dios ha hablado.

 

Prediciendo sobre individuos

En Hechos 21: 10, 11, la acción del mismo Agabo tiene tintes parecidos, aunque fue una profecía hacia una persona, concerniente a esa persona, en este caso el apóstol Pablo.

 

Por cierto, démonos cuenta que un “simple” profeta le da una profecía al “gran” apóstol San Pablo. ¿Cuántos de los grandes “súper apóstoles” de hoy en día estarían dispuestos a recibir una profecía de alguno de los Agabos que se sientan en las bancas del fondo de la iglesia?

 

Todos somos llamados a profetizar

Todos los creyentes verdaderos podemos y debemos profetizar (1 Co. 14: 1). En este sentido también, debemos declarar que creemos en la vigencia de los dones del Espíritu, dados por Éste “a cada uno en particular como Él quiere” (1 Co. 12: 11)

 

Todo esto, como vemos, nada tiene que ver con nuevas revelaciones de índole doctrinal, que compitan con la revelación bíblica, o la contradigan.

 

Básicamente, el verdadero ministerio profético, tanto en la época neo testamentaria, como en la actual, está encaminado a hacer resaltar la verdad ya revelada de Cristo, si es preciso, contendiendo ardientemente por la fe que ha sido una vez dada a los santos (Judas 3). Algunas reseñas escriturales al respecto las encontramos en: Hechos 11: 27; 13: 1; 15: 32; 1 Co. 12: 28; 14: 29-32 (aunque este último se refiere a los santos profetizando).

 

Y por supuesto, también existen los falsos profetas: 

“Amados, no creáis a todo espíritu, sino probad los espíritus si son de Dios; porque muchos falsos profetas han salido por el mundo” (1 Juan 4: 1).

 

De esto último también hablaremos.

 

SOLI DEO GLORIA

(Pr. Miguel Rosell Carrillo-Iglesia Centro Rey-Madrid-España)


 

 

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Pastor Luis Vargas Fontes pastorluis.vargas3@gmail.com